martes 20 de noviembre de 2018
Revista Innovación Seguridad » Análisis y tendencias » 1 nov 2018

seguridad pública

“Sin tecnología habría que cuadruplicar los efectivos policiales”

El secretario de Seguridad del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Marcelo D’Alessandro, disertó en las Jornadas de Seguridad Integral organizadas por la Cámara Argentina de Seguridad Electrónica (CASEL), en el marco de Intersec Buenos Aires 2018, la Exposición Internacional de Seguridad, Protección contra Incendios, Seguridad Electrónica, Industrial y Protección Personal. El funcionario se refirió a cómo usan la tecnología para definir el despliegue territorial de los efectivos policiales.


Por:
Por Alicia Giorgetti

Además de tener 3 millones de habitantes y 4 millones de personas que ingresan por día, la ciudad de Buenos Aires es la capital del país y alberga las sedes institucionales de los tres poderes nacionales, las embajadas y muchas otras instituciones. Por lo tanto, la lógica de la seguridad es distinta a la de otras ciudades.

 

El 17 de noviembre de 2016 se sancionó la Ley 5688 que, entre otras cuestiones, creó la Policía de la Ciudad. “Entonces, se integró la Superintendencia del Área Metropolitana de la Policía Federal con la Policía Metropolitana, y ahí empezamos a romper muchos paradigmas. La Policía Federal tenía 200 años de existencia y una lógica diferente a la de la Policía Metropolitana, que era un cuerpo mucho más chico, surgido con tips mucho más modernos pero que solo operaba en tres comunas. Y uno de nuestros grandes interrogantes fue entender cómo se desplegaba la Policía Federal en la ciudad de Buenos Aires, pero no encontramos ningún patrón de inteligencia que rigiera ese despliegue. Cada comisario distribuía a los policías como le parecía. Además, la policía estaba dividida en comisarías; la Justicia había dividido la ciudad en circunscripciones, y el gobierno local en comunas. Al superponer estos ‘mapas’ no cerraba nada. Así empezamos a diseñar este cambio cultural que necesitaba la ciudad, y una de las medidas tomadas fue realizar el despliegue territorial de manera inteligente”, relata Marcelo D’Alessandro, secretario de Seguridad del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

 

Manos a la obra

Para lograr un despliegue policial estratégico, en el Ministerio de Seguridad porteño utilizaron tecnología y la información provista por tres aspectos. “En principio, la demografía de cada comuna ya que, por ejemplo, el Microcentro, que alberga al sistema financiero, no tiene los mismos problemas de seguridad que el sur de la ciudad. Luego, las migraciones internas, es decir, los movimientos de personas entre comunas y en distintos horarios. No es lo mismo lo que sucede en una zona cercana a una estación que lo que pasa en un barrio alejado. Y, por último, comenzamos a construir el Mapa del Delito, porque no es posible programar ni trazar políticas a mediano o largo plazo si no se tienen datos”, cuenta D’Alessandro.

 

El funcionario agrega que una gran ayuda para trazar este mapa fue potenciar el 911. “Anteriormente, el 70% de los delitos no se denunciaban y hoy ese porcentaje bajó. Además, creamos un nuevo sistema de denuncia habilitado por la tecnología, colocando cabinas de telepresencia en 16 fiscalías -por ahora- para que las personas puedan acercarse allí y denunciar. Actualmente, el 60% de las denuncias no urgentes se reciben mediante este sistema”, destaca.

 

A partir de todos los datos recolectados se aplicó un algoritmo matemático para obtener un mapa de despliegue óptimo de efectivos policiales y prevención. “Por supuesto, este mapa es dinámico y, además, si hay determinada circunstancia -por ejemplo, una casa tomada-, las paradas que marca el mapa se pueden correr a criterio del comisario”, dice D’Alessandro. Y agrega que “este sistema indica la cantidad de personal necesario en cada jurisdicción y dónde debe estar ubicado. La herramienta es muy buena pero la realidad del barrio la conoce el comisario. Por lo tanto, es un instrumento para que el comisario pueda gerenciar la seguridad de forma óptima”.

 

Luego de la definición de cantidad de efectivos y lugar de ubicación, cada oficial de policía recibe  un punto fijo desde el que debe hacer una caminata de 100 metros en cruz. “Además, cada policía recibe un celular con GPS y sin acceso a redes sociales, y capacitación en el uso responsable de redes ya que derivan en falta de seguridad para los ciudadanos y para los propios efectivos”, destaca el funcionario.

 

Algo similar ocurre con el despliegue de patrulleros, que también tienen un GPS y un sistema de comunicaciones vía trunking. “El mapa de despliegue determina que cada patrullero debe pasar cada 3 minutos por el frente de todas las casas de la cuadrícula asignada. Históricamente, estas cuadrículas eran patrulladas de cualquier forma. Además, el sistema nos permitió dimensionar y optimizar los recursos policiales ya que se dividió a los móviles en Para patrullaje y Para atención del 911. Esto evita que, ante un incidente, acudan varios patrulleros. Hoy cada patrullero tiene una función”, dice D’Alessandro.

 

El control

La tecnología incorporada en los celulares de los oficiales y en los móviles policiales también permite el control de las tareas. “Hay un control más exhaustivo de la prevención que se hace en la calle porque los GPS permiten visualizar la ubicación a cada instante. Así se sabe quién está en servicio, cuánto tiempo está en servicio, por dónde circula y quién interviene en acciones, entre otros datos. Y esto se puede ver a través de colores en una pantalla: el verde indica que el oficial está cumpliendo con el servicio; el amarillo indica que no se mueve como debe hacerlo o no está en el lugar que debe estar, y el rojo, que está incumpliendo sus tareas. Esto lo ve cada comisario o jefe de servicio en una tablet, el comisionado mayor, el director de área, el superintendente, jefe de policía, etc.”, asegura el funcionario.

 

Y añade que “esta es una herramienta que resolvió muchos problemas de despliegue policial. Antes cada comisario era el ‘patrón del barrio’. Hoy intentamos darle el conocimiento necesario para controlar el delito ya que el sistema permite ver y prever el movimiento del delito. Por ejemplo, cuando se saturó el Microcentro por las salideras bancarias, los motochorros migraron a Palermo. Y eso se observó, pero hubo comisarios que no lograron entender la herramienta y adelantarse. Esto permite gerenciar la seguridad”.

 

A este sistema también están integrados todos los empleados civiles que hacen a la seguridad: agentes de tránsito, inspectores de espacio público y agentes de prevención. Se les monitorea igual.

 

Los complementos

Todo esto se integra con el sistema de cámaras de videovigilancia. “Al asumir había 2.000 cámaras de la Policía Federal y 2.500 de la Policía Metropolitana. Pero estaban colocadas sin lógica. Entonces, trazamos un sistema de videovigilancia en clúster o anillos. El primer gran anillo está en la Av. General Paz, y es el llamado “anillo digital”. En los 100 ingresos que la Gral. Paz tiene a la ciudad de Buenos Aires hay monitoreo de cámaras y lectura de patentes de vehículos. Esto permitió combatir las bandas de venta de autopartes robadas, secuestros y robo de autos. Se trabaja en conjunto con la Policía de la Provincia de Buenos Aires, que también trazó un anillo digital en el Acceso Oeste, ya que era una de las vías de escape de estas bandas.

 

Luego, dentro de la ciudad de Buenos Aires, hay pequeños clusters, que permiten saber cómo pasa cada vehículo de una comuna a la otra. Para lograrlo se hizo una ubicación estratégica de cámaras. Y los puntos ‘calientes’ se complementan con redundancia de cámaras y de recursos humanos. Hoy controlamos los subtes, tenemos 4.000 cámaras en colectivos y 8.000 cámaras en toda la ciudad. Las de los colectivos son muy útiles para detectar pungas, arrebatadores y acoso a mujeres, algo que no se denuncia. Y las de los subtes detectan bandas de arrebatadores. Son herramientas fundamentales que optimizan la posibilidad de brindar seguridad”, afirma D’Alessandro.

 

En cuanto al uso de drones, el funcionario se declara “anti dron”: “Pueden ser riesgosos en una ciudad como Buenos Aires tanto para personas como para el espacio aéreo. Por ejemplo, no se usan en Nueva York, no son herramientas fundamentales para la seguridad de una ciudad como esta. No obstante, tenemos drones para emergencias, que pueden levantar peso, pero los usamos muy esporádicamente por el riesgo. Y para eventos internacionales -como el G20 o los Juegos Olímpicos, por ejemplo- se usan inhibidores de drones”.

 

El funcionario asegura que “el crecimiento que nosotros tuvimos en tecnología en la ciudad de Buenos Aires es exponencial. Si bien la seguridad electrónica no reemplaza a la seguridad humana, es una herramienta que se usa al servicio de la seguridad. Por ejemplo, Londres está poblada de cámaras y los índices de delito bajaron a niveles históricos, pero la percepción de inseguridad aumentó: las personas piden ver al policía. No obstante, si no tuviéramos tecnología deberíamos tener 60.000 policías en la ciudad, y hoy hay 25.000. La implementación de tecnologías y métricas es un cambio cultural profundo. No fue fácil pero se implementó rápido y las fuerzas policiales se adaptaron bien porque tienen vocación, son jerárquicas y porque el cambio se hizo junto con ellas, ya que son quienes tienen la experiencia”.
 

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