lunes 23 de julio de 2018
Revista Innovación Seguridad » Eliminadas » 1 abr 2004

Solución de controversias.

Para comenzar este intento de abarcar difíciles caminos en breve espacio, no podría avanzar sin efectuar un cálido agradecimiento a los directivos de Casel, por invitarme a expresar algunas ideas, a través de su Sr. Presidente Ing. E. H. Greenberg. Aprovecho para desearles públicamente el éxito que esta nueva gestión merece.


De la revista anterior -Nro. 10- me queda una perlita, ya que en la página 38 se reproduce el Comunicado de Prensa Nro. 313/03 de la Cancillería y el mismo incluye entre los organismos cuatripartitos al COADEM, sus siglas significan “Colegios y Ordenes de Abogados del Mercosur”. Está integrado por abogados de los 4 países miembros y en algunos de sus foros por los estados asociados, desde la Comisión del Mercosur y el Derecho de la Integración de la Federación Argentina de Colegios de Abogados (FACA), que tiene alcance y participación federal, la cual tengo el alto honor de Coordinar e integrar como miembro titular desde hace más de 9 años. Mucho se ha trabajado para el reconocimiento del COADEM, que ahora informo brevemente a los Sres. asociados, ya que entre otros avances, permitió consagrar un tribunal de arbitraje para los particulares en el Mercosur, que fue de vanguardia.

Comencemos con la cuestión. Desde siempre sostenemos, que la seguridad jurídica tiene determinante efecto en los costos indirectos de los bienes y servicios generados, antes o después, en las empresas modernas. Las disputas e interpretaciones de posiciones económicas, vinculadas a la contratación, ya sea: laboral, comercial, financiera, de servicios y demás, origina controversias, que desembocan en las opciones o formas de solución. Los costos de estos temas jurídicos y la influencia de la legislación corriente, tanto la preventiva, como la punitiva e incluso la incentivadora, ofician de marco regulatario de la controversia, también de la jurisdicción del debate y finalmente de sus costos. Prevenir como solucionaremos los conflictos con anterioridad a su existencia, es de buena práctica y recomendable costumbre empresaria.

Es cierto que uno de los matrimonios más difíciles es el de la tecnología y el derecho, o la normativa vinculante. Alcanza con recordar, que en nuestro ordenamiento privado, existen aun algunos institutos de derecho que comenzaron en Roma hace miles de años, y que la tecnología en general, avanza hacia fronteras impredecibles. Dentro de seis meses, con reemplazo parciales de tecnología, en plazos más breves, y sobre esto me remito a la propia revista de la Cámara. No es necesario viajar al mundo informático, para saber de avances sin pausa. Junto a lo relatado conviven los institutos y métodos tradicionales de solución, concurrir las partes a juicio, por iniciativa del agraviado, en la sede jurisdiccional correspondiente. Muy valioso, por la trascendencia del poder judicial y sus auxiliares dentro de toda forma republicana de vida y en la democracia, pero sin la inmediatez de acompañar la solución rápida del conflicto. No vamos a aceptar, que es solución la que llega muy tarde en el tiempo, no lo es para nadie ni el que gana, ni el que pierde.

Siguiendo con los grandes pensadores, recuerdo haber leído en algún ámbito donde nos juntamos a aprender de solución de conflictos, que había un pensamiento de Voltaire que decía : “... dos veces fui pobre, la primera al perder un juicio y la segunda al ganar un juicio...” notable, ya había una idea hace siglos, que inteligentemente expresa desde los extremos una realidad. Sin falsos prejuicios profesionales, debemos decir, que la justicia tradicional es lenta y cara en todo el mundo, no sólo en Argentina. Que los costos, en términos de relaciones comerciales y de imprevisibilidad de impacto económico, en el balance anual de la larga disputa judicial es muy difícil de controlar y administrar especialmente para las PYMES. La solución de los conflictos, cuya entidad, cuantía y origen requiere, ámbitos distintos a la jurisdicción, que claramente no implican privatizar la justicia, tiene a los empresarios, como demandantes naturales.

Requieren de posibilidades inmediatas, al mismo tiempo calidad y seguridad jurídica. El tiempo y la solución o al menos la forma en que se solucionará, no debe ser una incógnita, porque comienza a demorarse los acuerdos y no se acomete la idea de solución de fondo. r Recuerdo un pensamiento del genial W. Shakespeare, sobre la idea de permanencia y dejar todo para mañana o para el estado futuro, donde supuestamente estaremos para hacerlo. Pensemos que hoy debe hacerse, ya debe solucionarse. Los conflictos frenan los negocios y quitan fuerza específica al involucrado. Decía el ingles “... los cementerios están llenos de gentes que creía que el mundo nunca partiría sin ellos...”.

Nos resultaría impensable desarrollar semejante temática, como lo son todos los medios de solución de conflictos extrajudiciales vinculados al mundo empresario y sus negocios, y todos eficientes en la medida de ajustarse a la cuestión sujeta a solución. A decir verdad llevaría varias ediciones el tema y solo tocando limitadamente algunos de sus apasionantes avances , vamos a tratar de centrarnos en un aspecto puntual y crítico, la solución de conflictos por arbitraje y conciliación, su concepto y actuales tendencia.

Para introducir la temática debemos plantearnos cual es el objeto de estudio, en este caso, la solución (con costos previsibles y asimilables) y directa de los conflictos o controversias, vemos como el mundo moderno no duda en dar previsibilidad de costos y tiempo de solución a sus conflictos, por ejemplo aplicando ya en la génesis del negocio jurídico criterios técnicos que minimicen o directamente eludan la posibilidad de costos enormes de resolución de conflictos entre parte, o de costos indirectos, como demoras en la continuación del cumplimiento del contrato por controversias interpretativas ante nuevas situaciones.

Recomiendo en los contratos incluir cláusulas de arbitraje y conciliación (ésta última, la mayoría de los reglamentos modernos de arbitraje ya la incluyen), sin perjuicio que cada empresario, debe tener por norma, apoyarse en su director legal, en su abogado de confianza. Consideramos que el empresariado de este milenio, va en este sentido, el arbitraje resulta ser, dentro del mundo de las formas o sistemas modernos de solución de conflictos, la modalidad preventiva, con laudo fundado en derecho, más recomendable para los contratos comerciales de cualquier valía, jurisdicción y contenido. Por supuesto, sin pretender establecer una competencia técnica sobre los méritos de las otras formas modernas (mediación, negociación conciliación etc.), muy lejos de esto, ya que hemos difundido sin cansarnos todas las técnicas.

El arbitraje al estar integrado al contrato, incluye la conciliación previa e invita a negociar a las partes que conocen “ad initio” el marco y límite de sus especulaciones y previsiones. El arbitraje justamente otorga seguridad jurídica, ya que tiene rápida solución, conocimiento del ámbito de trabajo de los árbitros, elección del reglamento arbitral y establecimiento del sistema desde el contrato inicial, con las modalidades que los profesionales quieran otorgarse para sí, como por ejemplo, negociación previa entre partes, con o sin conciliación, lo que implica dictamenes vinculantes emitidos por profesionales de la especialidad. Permite también que haya prueba, aportes de documentos y debate jurídico, incluso interpretación de cláusulas y condiciones sujetas a crisis de aplicación. Para evitar el conflicto, el laudo arbitral se asimila a una sentencia en nuestra jurisprudencia federal.

Decir cláusula arbitral, es decir en nuestra jurisprudencia federal, quitar la competencia de todo otro tribunal, juzgado y de toda jurisdicción, para solucionar las controversias que las partes consideren pertinente tratar. Tan amplio es el marco cognoscitivo y regulatorio de los actores, que se puede hasta delinear el perfil del sistema a aplicar dentro del reglamento, tribunal, domicilio del mismo, árbitros con nombres y apellidos, peritos y de acuerdo a las características del contrato, ya sea las distancias entre los signatarios, el producto, los costos, la mercaderías en tránsito y demás componentes del problema traído a solución. Formas de comunicación de las actuaciones modernas como ser: correo electrónico, fax y medios tecnológicos incluidos (alcanza con recordar que algunas investigaciones refieren que hasta el 40% de la demora de los juicios se origina en temas de comunicaciones y notificaciones entre las partes y la jurisdicción), audiencias de vista de causa y previa de conocimiento, inmediatas y expeditivas, todo significa velocidad de solución y reducción de costos. Esto es para el suscripto, seguridad jurídica. Deberíamos sumar buenas normas (las tenemos en su gran mayoría) y capacidad de los tribunales arbitrales.

Reservamos para el final un elemento trascendente, insinuado en el texto, la previsión de los costos desde el inicio, con mínimas diferencias de cálculo y la especialidad de los árbitros, ya que estos, además de permitirnos elegirlos, al igual que el reglamento, se especializan en solucionar controversias de esta calidad. Se constituyen para estas situaciones y tienen un reglamento, generalmente, de plazos perentorios dirigido a agilizar etapas, pero además los sistema de selección de los árbitros suele ser por concurso o selección entre especialistas, muy rigurosa ,no solo en las materias técnicas normativas en disputas, sino que también en solucionar controversias por arbitraje, en negociación y conciliación. Todo lo cual hace que las partes, tengan aproximación de los costos de todo conflicto que estará circunscripto al tema en conflicto y no a la totalidad de la contrata, que será previsible en plazos de duración y en el costo de las tasa de inicio y de sus peritos, incluso de las representaciones letradas de las partes, no gratuidad o ausencia de costos, si previsibilidad y costos acotados al tema en disputa.

Para finalizar decimos que aquella idea nuestra de casi una década, que la cláusula de arbitraje invita directamente a las partes a negociar, es un hecho, hoy ya consagrado. Apareció la posibilidad con la C.N. T.O.1994 y su art. 43 muy nueva, pero estudiando detenidamente que pasaba en el mundo, nos atrevimos a pensar que sabiendo las partes que la solución era inmediata. Que mejor que solucionarlo hablando, empresarios y profesionales, amistosamente, que mejor que salvar el contrato y no salir a renovar el cliente.

Algunos empresarios del sector tienen alguna idea al respecto, por la propia vivencia, y les cuento un caso donde luego de dos años en un amparo sectorial se debatió la competencia, y se lo terminó radicado recientemente en el mismo juzgado donde había sido sorteado al inicio y que se había declarado incompetente. Ello era atendible seguramente por aquellos años, con la incipiente jurisprudencia del 2002, pero ahora felices de estar ante un tribunal calificado, sin dudas, reparamos y lamentamos el tiempo pasado, muy fundadamente pero consumido y si en algo somos pobres todos, es en tiempo, el Dios tiempo, que en la leyenda se comía a los hombres. No olvidarlo por favor.

Seguramente debe haber mucho para agregar. Pretendemos centrarnos en temas que tratan de influir mínimamente, con consejos y aportes conceptuales, que puedan entender todos sin necesidad de tener sobre el escritorio la normativa. Para terminar, debo decirles a los profesionales vinculados especialmente al derecho empresario, que no duden en dirigir a sus clientes hacia estas orillas de la solución arbitral, este instituto se ha consagrado en el mundo.

Es responsabilidad de todos pretender la mejor normativa y luego cuando existe, utilizarla para solucionar todo inmediatamente y sin costos enormes. Hay excelentes árbitros y tribunales con reglamentos inmejorables en el ámbito de las asociaciones empresarias, comparables a los de EE.UU. y la U.E., como también de los mercados comerciales, bursátiles, y en los ámbitos de los colegios profesionales con sostenido crecimiento actual en la metodología. Ahora hay que asesorarse, hay que explicar y aplicar.

Cierro este trabajo, diciendo junto a Andres Maurois, que “... simples modificaciones introducidas en las leyes, pueden producir una acción profunda en la vida de un país”? ¿El mal no radicará, muchas veces, en el alma de los ciudadanos más que en las leyes? Es verdad que la fe puede lograr, en ciertos momentos, lo que la ley no consigue. No lo es menos, que de nuestros males tiene tanta culpa el debilitamiento de los principios morales, como la vejez de nuestras instituciones... ”

Muchas gracias a CASEL, por esta oportunidad de llegar a tan calificado ámbito, donde tenemos muchos amigos, gracias a los lectores por el tiempo dispensado en esta lectura.

Por Dr. Walter Mario Huggias
whuggias@cpacf.org.ar

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