martes 11 de diciembre de 2018
Revista Innovación Seguridad » Control de accesos » 13 nov 2018

CASO DE ÉXITO

Seguridad e infraestructura: los ejes de las reformas en escenarios deportivos universitarios

Las instituciones educativas de América Latina invierten cada vez más en mejorar sus centros deportivos, lo cual acarrea grandes desafíos de seguridad por la posibilidad del ingreso masivo de personal no autorizado, además de agilizar el ingreso de quienes sí lo están. Un ejemplo mundial de ello es el centro de actividades recreativas (RAC) de la Universidad del Sur de Georgia (Estados Unidos), el cual implementó torniquetes de altura completa y puertas de Boon Edam para el control de acceso de 5.000 estudiantes por día. A ello se le sumó en 2014 la integración de un escáner óptico al software de control de acceso utilizado en ese momento, lo que logró superar los retos de mantener la seguridad y evitar demoras de ingreso al RAC.


La inyección de capital que realizan las instituciones educativas para mejorar las condiciones de sus centros deportivos no se limita a reformar su infraestructura, puesto que el factor de seguridad también merece especial atención.

 

En 2013, la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH) confirmó la inauguración de su nuevo complejo deportivo, en donde se invirtieron más de 700 millones de lempiras (casi 30 millones de dólares). Gracias a este mejoramiento, la institución educativa cuenta con un estadio de atletismo que tiene la capacidad de albergar 7.000 espectadores. Adicionalmente, se creó el Palacio Universitario de los Deportes, que dispone de cancha multiusos, aulas de clase y gimnasio.

 

Más recientemente, la Universidad Nacional de Ingeniería de Perú (UNI) dio a conocer en noviembre de 2017 el inicio de las obras de remodelación de su nuevo escenario deportivo, en donde se invertirán casi 2 millones de soles (alrededor de 610 mil dólares). Este proyecto también busca dotar a la universidad con un espacio que responda a las exigencias deportivas actuales, de manera que la comunidad educativa se motive a realizar este tipo de actividades.

 

Los anteriores son solo dos casos que muestran una tendencia en América Latina: la realización de importantes inversiones por parte de instituciones educativas para mejorar estructuralmente sus centros de bienestar y así ofrecer mejores servicios, que a la vez podrían generar recursos adicionales para las universidades.

 

Pero estas modificaciones no se limitan únicamente al ámbito de la infraestructura de los escenarios deportivos. El factor de seguridad también es de gran relevancia, y por eso las entidades mencionadas se dedican constantemente a buscar soluciones que aseguren que quienes visiten sus campus bien sea de forma permanente u ocasional no se vean afectados por ninguna situación de peligro, a la vez que se garantiza un ingreso ágil y controlado.

 

Pero el contar con centros deportivos de gran tamaño no sólo genera beneficios económicos y de bienestar para la comunidad educativa, también propone dos retos muy importantes para las instituciones. En primer lugar, el hecho de que estos espacios sean de gran magnitud los hace más propensos al ingreso de personal no autorizado, con los consecuentes riesgos que esta situación acarrea.

 

Adicionalmente, como segundo desafío, está la necesidad inminente de encontrar herramientas que permitan optimizar y agilizar el acceso del creciente número de usuarios autorizados. Este requerimiento es de vital importancia especialmente para aquellos escenarios que estén pensando en ser utilizados para grandes eventos.

 

Debido a estas necesidades, encontramos actualmente que diferentes universidades a nivel mundial han venido implementando diferentes tecnologías que les permiten sistematizar el control de acceso de sus usuarios y el flujo de ingreso de estos.

 

Universidad norteamericana, un ejemplo de vanguardismo

Es así como encontramos el caso de la Universidad del Sur de Georgia (Estados Unidos), cuyo centro de actividades recreativas (RAC, por sus siglas en inglés) se ha consolidado como el espacio de interacción del campus, recibiendo aproximadamente a 5.000 estudiantes por día.

 

La afluencia de visitantes y sus grandes dimensiones hicieron que el RAC pensara en implementar, para el control de acceso, torniquetes de altura completa y puertas de Boon Edam que permitieran el ingreso al creciente número de usuarios. Pero esto no paró ahí, y en 2006 estos equipos se acompañaron con tecnología de escaneo de huellas dactilares para autenticar la identidad de cada persona.

 

En 2014 esta historia toma un nuevo giro, puesto que los directores del RAC decidieron evaluar la posibilidad de integrar un escáner óptico al software de control de acceso que utilizaban en el momento. Todo esto motivado por las soluciones IrisAccess de Iris ID que ya habían sido implementados en dos comedores de la universidad.

 

El objetivo era mantener seguro el centro deportivo. A la vez, se pretendía mejorar el flujo de ingreso de los visitantes, quienes pasaron de requerir entre cinco y 12 segundos a no más de dos para entrar a la institución educativa.

 

Para los miembros de la institución, el desempeño del torniquete de Boon Edam, sumado al escáner de iris, es prácticamente perfecto. Por esta razón, la universidad está motivando a sus asociados a utilizar este mecanismo que logró superar los retos de mantener la seguridad y evitar demoras a la hora de ingresar al RAC.

 

Indiscutiblemente, el espíritu innovador y el deseo de mejoramiento constante ha hecho que tanto la Universidad de Georgia como otras instituciones educativas avancen en términos de infraestructura y, por supuesto, de seguridad, para poner en manos de sus comunidades unos espacios de alto nivel y con la garantía de que sólo las personas autorizadas podrán acceder a estos centros deportivos.

 

Para más información: www.boonedam.com

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