lunes 19 de agosto de 2019
Revista Innovación Seguridad » Análisis y tendencias » 16 jul 2019

OPINIÓN

Regulación de la actividad de monitoreo de alarmas en la Ciudad de Buenos Aires

Expertos y entendidos en la materia, tanto en teoría económica como en Derecho Administrativo, opinan y manifiestan que la regulación de los mercados y de las actividades son esenciales para el correcto funcionamiento de los mismos. En este sentido y partiendo de la función esencial del Estado consagrada en nuestra Constitución, la regulación es clave para cumplir con la protección efectiva de los derechos de las personas y el respeto por su dignidad, pero al mismo tiempo debe favorecer el desarrollo de los ciudadanos que por su cuenta u organizados entre ellos, puedan desempeñar actividades económicas de producción de productos y/o servicios que son ofrecidas a la comunidad.


Por:
Eduardo Kball, Director de USS Tecnología en Seguridad S.A.

Ahora bien, siempre surgen preguntas, ¿Cuánta regulación se necesita efectivamente para el correcto funcionamiento de un sector? ¿Cuál es el beneficio concreto de regular una actividad? ¿A quién debería beneficiar la regulación?

 

Intentaremos responder algunas de estas preguntas y otras que tienen que ver específicamente con la regulación de la actividad de monitoreo en la C.A.B.A. Regulación que alcanza muchos aspectos, desde la obligación de las empresas que prestan servicios de Monitoreo a estar habilitados por la autoridad de aplicación, hasta la definición de cómo se deben realizar algunas tareas que son propias de estas firmas.

 

Por la naturaleza específica de nuestra actividad, que consiste en dar aviso a las fuerzas públicas de aquellos eventos de alarma que son plausibles de ser una emergencia (médica, incendio o una intrusión) de los sistemas instalados en los domicilios de nuestros clientes, es relevante y crucial que la actividad tenga una regulación. En este contexto parece pertinente la siguiente reflexión, “nuestro sector tiene un impacto muy positivo en el mejoramiento de la seguridad, pero como contrapartida también tiene impacto en el uso de recursos públicos”. Sobre este último tema nos vamos a enfocar en este artículo.

 

Falsas alarmas

Las falsas alarmas, como históricamente hemos llamado a los eventos que son notificados a las fuerzas públicas y en los mismos no se evidencian hechos delictivos o incendios, son un problema constante en la actividad. Reducir las falsas alarmas es y ha sido una preocupación permanente de las centrales de monitoreo.

 

¿Por qué ocurren las falsas alarmas? Las falsas alarmas ocurren por varias causas, pero podemos clasificar en dos grandes grupos que explican más del 80%: errores de usuarios y fallas de sistemas, y gran parte del porcentaje restante se asocia con condiciones meteorológicas. En nuestra experiencia la mayoría de las falsas alarmas son atribuibles a errores de usuario, los casos más comunes son una ventana abierta, la mascota en una zona en que el sensor no es antimascota, la calefacción prendida, demora en ingresar al domicilio o pruebas del sistema sin dar aviso previo, entre otras causas. En cambio, las fallas que son causadas por el sistema, pueden ser por falla del elemento electrónico, por agotamiento del mismo, por defecto de fabricación, o por defecto de la instalación. Cuando se encuentran fallas como consecuencia de roedores o insectos, a veces se las categoriza como fallas del sistema, pero más bien son atribuibles a las condiciones del lugar monitoreado, se deben eliminar por otros medios estas circunstancias que afectan el correcto funcionamiento del sistema.

 

Las falsas alarmas tienen los siguientes efectos:

Generan costos: Aumentan los costos de los centros de monitoreo y de los usuarios del sistema.

Recursos Públicos: Impiden o dificultan el uso eficiente de los recursos de seguridad.

Retraso de Respuesta: Las falsas alarmas pueden retrasar la respuesta dónde realmente se necesita.

Complacencia: Las falsas alarmas frecuentes tienden a hacer que los respondedores sean complacientes. La complacencia conduce al descuido. El descuido lesiona a la policía y a los bomberos.

Desconfianza: Puede desensibilizar a la comunidad ante incidentes reales y hacer que los ocupantes y otras personas ignoren la alarma cuando suena.

Puede desalentar el uso de alarmas: Las falsas alarmas hacen que los propietarios se muestren reacios a usar su sistema, exponiendo su hogar, instalación o negocio a incendios y daños a la propiedad.

 

¿Qué podrían aportar las empresas de monitoreo de alarmas para que el sistema sea más eficiente?

La Dirección General de Seguridad Privada de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, entidad que tiene a su cargo la regulación y el control de la prestación del servicio de vigilancia, custodia y seguridad privada, con muy buen criterio convocó a las Cámaras empresarias para que propongan un protocolo unificado de validación de los eventos de alarmas previo a ser notificados al 911, para ser aplicado por todas las centrales de monitoreo.

 

Las Cámaras presentaron un protocolo consensuado, usando de base uno que se implementó en el pasado para el 911 de la Provincia de Buenos Aires. En este momento la propuesta presentada se encuentra en proceso de ajustes y evaluación por parte de la Dirección de Seguridad Privada, para ser implementado en breve por todas las empresas.

 

De todas maneras, provisoriamente se acordó que las empresas con mayor cantidad de abonados y que por consecuencia realizan la mayor cantidad de notificaciones al 911, inicien la implementación de algunas de las acciones del protocolo. Desde el mes de febrero se vienen aplicando estos cambios, siendo los primeros efectos de esta implementación muy auspiciosos, logrando reducir notablemente los llamados al 911.

 

Este es un caso de cooperación público - privada que redunda en beneficios sustanciales para la comunidad, mejorando la seguridad y al mismo tiempo se logra el uso más eficiente de los recursos públicos. En este caso la regulación tiene efectos positivos para todos los actores del ecosistema que interactúan en nuestro sector.

 

Volviendo a la pregunta de cuánta regulación sería lo conveniente, la práctica demuestra, que aquellas regulaciones que son simples, escuetas, que evitan los trámites burocráticos innecesarios y que tienen como propósito beneficiar a los ciudadanos, son las más efectivas.

 

Muchas veces el exceso de regulación provoca efectos no deseados, aumenta los costos de las empresas y ciudadanos, sobrecarga de burocracia que no genera valor, solo son cumplibles por las empresas con más recursos, por lo tanto disminuye la competencia, disminuye la competitividad de las mismas tornándolas más ineficientes.

 

Sin duda los mejores reguladores de las empresas surgen del mercado mismo, la competencia (a mayor competencia, cada una de las empresas deben ser mejores en su propuestas de valor) y los consumidores (cada día más empoderados y con la capacidad de castigar a los malos oferentes y premiar a los mejores, no solo a través de su decisión de compra sino también con sus valoraciones y comentarios en las redes sociales).

 

En mi opinión, las actividades entre privados deben mantenerse entre privados sin intervención del Estado, los contratos entre estos son los que regulan la actividad y solo es necesaria la intromisión del Estado, cuando se ven afectadas garantías y derechos de algunas de las partes y surgen conflictos, la justicia es el medio para resolver estos diferendos. Ahora bien, en ocasión de nuestra actividad que tiene relación con las fuerzas públicas, entiendo que es beneficioso y necesario determinar reglas y acuerdos público - privados para el bien de todos los actores y para el uso eficientes de los recursos.

 

Lo importante es cómo se hace: convocando a representantes de todos los sectores, dialogando y cooperando para encontrar soluciones que aporten valor a todos los que forman parte de la comunidad en cuestión.

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