lunes 15 de octubre de 2018
Revista Innovación Seguridad » Monitoreo » 22 mar 2014

“Un sistema sencillo, pero bien aprovechado, es una herramienta fabulosa”

En el marco las las jornadas sobre “El desarrollo de la industria electrónica”, paralelamente con la última Seguriexpo, CASEL se llevó a cabo una presentación sobre Monitoreo de Alarmas en Edificios Inteligentes. El orador fue el Ing. Modesto Miguez, quien supo despertar el interés de la audiencia combinando definiciones, anécdotas, apreciaciones personales y detalles técnicos en lo que atañe al monitoreo de alarmas en edificios inteligentes.


Apenas transcurridas las primeras palabras, Miguez hizo referencia a dos tendencias que cobran auge en lo que respecta a edificios inteligentes: una de ellas se refiere a la utilización de conectividad IP para la intercomunicación de los sistemas que conviven en dichas estructuras. La otra hace alusión a la creciente predilección por los Green Building o  edificios verdes, los cuales se ocupan de dejar una baja huella de carbono.

Más allá de la dirección en la cual se oriente el futuro de esta tecnología, en el presente aun persisten ciertas opiniones erróneas en torno a ella, las cuales Miguez se encargó de corregir:


Mito 1: monitoreo no es mirar un monitor.
“Es lo que piensa todo el mundo, se imaginan a un tipo frente a un montón de pantallas. En realidad consiste en recibir los datos, transformarlos en información y actuar en consecuencia, basándose en procedimientos anteriores que determinan qué hacer en cada caso.  Muchas veces se delega en una persona la responsabilidad de llevar a cabo esa tarea y de este modo su inteligencia va a ser la del edificio “inteligente”, pero como es humano va actuar según su criterio y su capacitación, y allí empiezan los problemas: “¡Cómo el hombre no se dio cuenta de que pasaba tal cosa!”, lo cual nos lleva a la conclusión que las imágenes no son sólo para mirar, sino para ser grabadas. Y si bien las normas para centros de vigilancia indican que un operador puede ver como máximo 16 imágenes, en dos monitores de 8 cuadros cada una, en la práctica no hay ninguno que cuente con esa relación hombre-imágenes. La ciudad de Buenos Aires posee 2500 cámaras y 32 operadores en horas pico, por eso sostengo que no se puede hacer prevención, salvo en función de la repetición de los hechos”.

Mito 2: el buen software soluciona los problemas con apretar un botón.
“Es totalmente falso. Para que un programa funcione bien hay que dedicarle tiempo, invertir esfuerzo en la configuración, en el conocimiento, en el aprendizaje, etc.”.


Mito 3: el domo ve hacia todos lados, a 360 grados.
“Mentira, el domo capta 32 grados cada vez que apunta a algo y paralelamente deja de lado a otros 328 grados. Sin embargo se venden muy bien, porque son vistosos y por esa creencia popular, pero no cumplen con el objetivo para el cual la gente lo pide. En la práctica se los configura con memoria de  preposicionamiento, para grabar dos segundos acá, tres segundos allá, etc. Cuando ocurrió el accidente de un colectivo en la vía de Flores, la toma que apareció por todos los noticieros se capturó por casualidad, ya que justo en esos dos segundos el domo estaba enfocando allí por una cuestión fortuita. En la actualidad conviven diferentes modelos de cámaras, basta con recorrer la muestra para observarlo. No obstante, a la hora de adquirir una de ellas se deben tener en cuenta diversos factores, por ejemplo, que si es muy linda, al ubicarla en un pasillo de acceso público, lo más probable es que se la hurten. También sucede que la gente gira la rótula para que no grabe en la dirección correcta y entonces tampoco cumple con el objetivo previsto”.

Una solución que todavía resulta costosa pero fecundará en el futuro radica en las micro CMOS que permiten capturar imágenes de cuatro y ocho megapíxeles, aunque no existen elementos de reproducción, porque para ver cuatro megapíxeles, se necesitan cuatro pantallas full HD 1080. No obstante, puedo elegir un sector de la imagen y reproducirla como si hubiera una cámara fija en ese lugar. Asi sí se podrá montar una cámara en el techo que grabe a 360 grados, debido a que el aumento de la capacidad de procesamiento y de almacenamiento actual permite grabar simultáneamente toda esa información.

Uno de los principales fracasos en la utilización de monitoreo radica en no tener claro el objetivo antes de comenzar el proyecto. Quien no sabe a dónde quiere ir termina en cualquier lugar. Previo a la compra se deben conocer los límites de las normas, cuál va a ser la estrategia por la cual necesito el sistema y hasta donde voy a llegar, como también cuál es el grado de seguridad que voy a requerir. Eso es lo que define a las políticas del plan, para luego efectuar una implementación en etapas, con normas y procedimientos, porque si no, es nada más que un negocio de venta.

También se debe pensar en el uso futuro, existen edificios inteligentes de millones de dólares, pero sin mantenimiento. Llega un momento que la batería se sulfata o en el display dice “falla” y el operador que está ahí llama al encargado -que no entiende nada-, pide un presupuesto y, mientras tanto, para que no haga ruido, lo desconecta. Y ese sistema, por ejemplo contra incendio, con aviso de evacuación, con toda una inteligencia, termina tapado con una planta para que no se vea. ¿Hasta cuándo? Hasta que ocurra un siniestro y digan: “¡Los sistemas necesitaban mantenimiento!”.

Otro aspecto que puede atentar contra el sistema consiste en instalar la inteligencia en una PC, y a veces con Windows, ya que si se cuelga, se acabó la inteligencia, y con ella se transforma en obsoleto el gasto en cerraduras electromagnéticas, sensores, placas analógicas o digitales, cámaras de video, placas digitalizadoras, etc.

Más allá de eso, una de las polémicas que suscita el auge del monitoreo es la referida al derecho a la privacidad. En este sentido, Miguez comentó que una persona que viene desde la zona norte del conurbano hasta la ciudad de Buenos Aires fue fotografiada o filmada unas 70 veces por el CCTV público. Lo cierto es que existe una aceptación generalizada en pos de la seguridad. Hay ciudades en Estados Unidos de 50.000 habitantes que poseen unas 80.000 cámaras.

Y para finalizar, explicó que un motivo por el cual muchas veces se decide hacer el edificio inteligente, es porque, según estadísticas europeas, se vende setenta metros cuadrados al precio de ochenta metros cuadrados, entonces esa diferencia justifica la inversión tecnológica. Con esa promesa de confort, comodidad y bajo mantenimiento se venden a un mayor precio o se alquilan más caro. Además, esta tecnología brinda una sensación de seguridad y también posibilita el crecimiento de la imagen corporativa al fomentar: “¡Mirá el edificio que tenemos!”. Estos factores confluyen para que esta tendencia continúe en aumento.

Resumiendo, hay tres objetivos fundamentales por los que se puede hacer un edificio inteligente: por seguridad, por ahorro energético o para ganar más plata (por menor mantenimiento o mayor venta del m2) o una combinación de ambas. El mejor sistema electrónico, el más caro que se les ocurra, si es mal usado no sirve para nada. En cambio, un sistema sencillo, tal vez económico, pero bien aprovechado y cuidado es una herramienta fabulosa.

*La huella de carbono es la totalidad de gases de efecto invernadero (GEI) emitidos directa o indirectamente por un individuo, organización, evento o producto

VIDEOS