viernes 20 de julio de 2018
Revista Innovación Seguridad » Integración de Sistemas » 28 abr 2014

Edificios inteligentes con luz verde hacia el futuro

Una biblioteca colmada de libros, paredes ostentando títulos o un tablero de ajedrez posando sobre el escritorio, a muchas personas les sucede que pese a todos los índices que desparraman a la vista de otros jamás logran recibir el mote de “inteligentes”, en cambio a los edificios les ocurre lo contrario. Basta con incorporar unos pocos elementos de tecnología para que el marketing los denomine así. Claro, detrás de esa estrategia se esconde el ROI (Retorno de la inversión) que se acrecienta en una relación directamente proporcional a los recursos publicitarios orientados a construir esa idea. No obstante, Alberto Álvarez -durante su conferencia en las “Jornadas sobre el desarrollo de la industria electrónica”, en el marco de Seguriexpo-, explicó el rol fundamental para la sociedad de los verdaderos edificios inteligentes debido a su influencia positiva en el medio ambiente, a raíz de la disminución del consumo de energía y de la reducción de la huella de carbono.


“Para comenzar a dilucidar la importancia de la aplicación de las nuevas tecnologías en las construcciones cabe aclarar algunos aspectos: los edificios son responsables de aproximadamente el 40% del uso de la energía global y más del 30% de las emisiones de gases de efecto invernadero. Al respecto, los países firmantes del protocolo de Montreal, como también el de  Kyoto tienen el compromiso de promulgar la reducción de emisiones y el ahorro de energía y poder bajar la tendencia mundial a aumentar la temperatura y su consecuencia en el cambio climático”, afirmó Álvarez, quien también aclaró que el informe del 2013 de la agencia de energía de los Estados Unidos indica que los edificios consumen el 12% del agua potable, el 71% de la electricidad y generan el 39% de emisiones de CO2 y el  65% de los deshechos.


Por su parte, en el análisis que en el apartado del año anterior se agrega sobre los edificios residenciales y comerciales se desprende que si seguimos utilizando la tecnología actual, de uso común y económica, en los próximos 30 años el consumo va a aumentar un 20%. En cambio si empleamos tecnología de punta se logrará bajar un poco esa tendencia y, recién en 30 años, vamos a estar en los valores actuales. Además,  si recurrimos a la mejor tecnología disponible podremos ahorrar hasta un 20% de energía en el mismo lapso.

Entonces, ¿cuáles son los sistemas que permiten mayor ahorro de energía?
 
Los vinculados a la electricidad son los principales, en ellos podremos conseguir  un mayor recorte y eficiencia en lo que atañe al calentamiento del agua, ventilación, calefacción y refrigeración, entre otros.

Y agregó que en el año 2009, el intendente de Nueva York promovió una ley con el fin de bajar el 30% las emisiones de gases de efecto invernadero para el 2017, entonces obligó a efectuar mediciones del uso de la energía en ese distrito, de esta medida resulta que los edificios grandes, de más de 5000m2 requieren el 45% de lo que utiliza la ciudad y los chicos, el 32%.

A partir de ello, dicho gobierno, en conjunto con la Universidad de Colombia, está trazando un mapa de consumo estimado anual de Kwh/m2 para categorizar los edificios en relación a la eficiencia.


“Los edificios no son inteligentes, sino las personas que los diseñan”
En cuanto a la definición de “inteligentes”, Álvarez aclaró que el término se empezó a utilizar  en los años ´80 y, en realidad, suele ser un nombre marketinero, para vender más caro el metro cuadrado. Entre las definiciones existentes, podríamos sintetizar que se trata de un edificio que utiliza la tecnología y procesos para crear un mejor ambiente de trabajo, emplea menos energía, acarrea menos costos operativos, es seguro, contribuye a mejorar el entorno, provee significante retorno sobre la inversión y aporta valor a sus múltiples usuarios.

“Hace más de 35 años que estoy en el ambiente, siempre dije que los edificios no son inteligentes, sino las personas que los diseñan. Al respecto, encontré una buena definición de un arquitecto holandés que indica que se debe tener cuidado de no aplicar ese término a la inteligencia de los edificios en sí mismos, por los sistemas y comunicaciones instalados, sino a cuan inteligentemente han sido diseñados, construidos, operados y mantenidos. Porque de nada vale gastar mucho dinero si después solamente sirve para mostrar un lindo panel, o una hermosa cámara que nadie ve o una computadora que arroje miles de datos sin procesar. Resulta importante que desde el inicio del proyecto se tome en cuenta todo el ciclo de vida del edificio, el diseño y sus necesidades”.

Para respaldar esa apreciación, Álvarez compartió una encuesta que indica que el 58% de los trabajadores de las oficinas no creen que su edificio haya sido diseñado para soportar los negocios de la compañía ni para promover un buen ambiente de trabajo. Por consiguiente, la alta tasa de modificaciones que luego suceden ocasiona que se pierda aproximadamente 2 billones de libras por año por utilidad y eficiencia, según un estudio inglés. Además, el 24% de la satisfacción y productividad del personal está influenciada por el confort y el medio ambiente, en contraposición al ausentismo, a las enfermedades provocadas por los edificios enfermos, con mala calidad del aire o mala ventilación.

Algunos edificios en Estados Unidos posibilitan que cada uno de los trabajadores pueda ajustar el nivel de iluminación y la temperatura desde su escritorio. Incluso cuentan con una especie de calentador de pies, un generador de ruido blanco para eliminar el murmullo ambiental, un sensor de presencia, para que si no está la persona se apague todo automáticamente y distribución de aire acondicionado controlada individualmente.

En ese mismo país, cuando se certifica un edificio verde, la gente de commissioning (auditoría y recepción para las instalaciones) que representa al cliente está desde el primer día en el proyecto, entonces no llega al final de la obra a verificar si algo de lo que está instalado se parece a lo que tendrían que haber puesto, sino que ayudan en el diseño y después, a través de toda la etapa de la obra van controlando que cumpla con las normas y características listadas. Y después se encargan de las auditorías de funcionamiento y permanecen hasta un año después de la entrega del edificio para verificar que a lo largo de ese año se cumplan con las expectativas de funcionamiento.

Más se invierte, más se ahorra
Cuando analizamos el costo del ciclo de vida de 40 años en un edificio tradicional, se calculan las modificaciones, los gastos en energía y el mantenimiento. El desarrollo de un edificio inteligente puede ser entre un 8 y un 10% más caro al principio, pero consumirá entre un 25 y un 35% menos de electricidad y también se ahorrará en preservación y operatividad por haber sido pensando para funcionar por cuatro décadas y no sólo en inaugurarlo y venderlo.

En referencia a los sistemas de control, Alberto Álvarez detalló que se aluden a técnicas que reemplazan lo que, por lo general, realizamos manualmente. “Por ejemplo, en esta sala seguramente hay una llave de luz, entonces si queremos subirla, nos dirigimos a ella y la activamos. En lugar de ello, un sistema de control, a través de un sensor, percibe la oscuridad, esa información le llega a un controlador que la remite a un adaptador para que de la orden de aumentar la potencia lumínica. Básicamente los sistemas de automatización y control de un edificio interactúan con todos los demás sistemas: de seguridad, de control de acceso, de regulación del aire acondicionado y de ventilación, de cámaras IP, de servidores de video, con la central de incendio, con el panel de bomberos, etc. Y a su vez también vinculan con la sala de control, con los paneles de iluminación, con las máquinas enfriadoras, con los medidores de energía, etc. Además, todos estos se comunican por medio de un software que nos permite realizar diagnósticos, auditorías, seguimientos, control de mantenimiento y otros”.

“Una de las grandes ventajas de estos edificios, radica en que no se duermen, no se olvidan, no faltan, no tenemos que negociar con el sindicato cuál es el aumento para que haga eso y lo realizan todos los días. También, entre otras aplicaciones, con los sistemas de CCTV nos permite analizar la cantidad de personas que hay en un lobby y en base a ese dato habilitar más o menos ascensores. Además, una vez que está instalado, se puede ir mejorando y generando cada vez más ahorro y seguridad, por ejemplo al automatizar los sistemas de evacuación ante una alarma de incendio”. 

Y amplió: “Para poder controlar necesitamos medir y para ello requerimos de los sistemas de monitoreo. En Estados Unidos y en Europa se está hablando de la plataforma Smartgrids o redes inteligentes de energía, en la cual se comunica al proveedor de energía con los edificios para regular el consumo. También existe el proyecto “Zero energy lighting”, que fomenta edificios que si bien parte del día consumen electricidad, en otro momento van a estar generándola y la van a aportar a la red. El balance al final debería resultar cero”.
 
Para concluir explicó que hay muchas iniciativas sustentables tendientes al ahorro de energía, gracias a las cuales se promueven los edificios sustentables, una de ellas es la certificación energética de los edificios, empleada en Europa. Además, en Inglaterra es obligatorio que cualquier edificio, que se venda o alquile, realice una auditoría de energía y adquiera un certificado que marque cuantos Kw/m2 consume el inmueble por año


Calentamiento global: un mal que llegó para quedarse
Según Alberto Álvarez, el cambio climático representa una amenaza real para el planeta. Algunos indicadores de peligro que se orientan en ese sentido son: el aumento de la temperatura global, el deshielo, la desintegración de la capa de ozono, el cambio de la temperatura terrestre y de los mares, problemas con tormentas muy rigurosas, inundaciones, sequias, etc.

Variados estudios científicos que encuentran en el auge de la actividad industrial un factor determinante en el cambio climático dan muestra de la relación que hay entre éste y el aumento del anhídrido carbónico (CO2) -que representa más o menos el 80% de los gases de efecto invernadero-. En un reciente boletín de la Organización Meteorológica Mundial se indica que el 2012 registró un nuevo record de CO2 en la atmósfera: 393 partes por millón. Antes del año1950, nunca había superado la barrera de las 300 partes por millón.

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