lunes 23 de julio de 2018
Revista Innovación Seguridad » Análisis y tendencias » 1 jun 2003

Una función estratégica.

En tiempos difíciles y de cambios constantes, como los que vive la Argentina, existen ciertas problemáticas que si bien son naturalmente entendidas, quizás no alcanzan el nivel de comprensión suficiente en algunos sectores del empresariado. Una de ellas es la seguridad en todas sus dimensiones. Generalmente no se llega a considerar la totalidad de propuestas y soluciones que ésta brinda a las diversas áreas vulnerables de una empresa. Sus fines, alcances, cómo se gestiona y qué puede aportar al beneficio económico de cada una de ellas. Este desconocimiento deriva en la negación de ganancias que se podrían generar a través de estos productos y servicios, y se traduce en una mala utilización del dinero, un desperdicio de oportunidades comerciales.


El error más importante se comete al no pensar en la seguridad electrónica como una herramienta funcional y efectiva, sino confundirla con un servicio más de los que se suelen contratar en una empresa. Es bien claro que ésta debe significar una estrategia tan importante como la logística, el marketing y las finanzas.

Para ello debemos entender a las empresas y firmas comerciales como organismos vivos, que crecen y subsisten en un ambiente muchas veces adverso debido a la existencia de amenazas como la competencia comercial desleal, el espionaje industrial, la falsificación; así como también la mala administración, la lucha por espacios de poder entre socios, trabajadores y personal directivo.

Para desarrollarse y volverse estructuralmente sólida, una empresa debe racionalizar su propio funcionamiento, compartimentando sus objetivos y clasificando los diferentes niveles de decisión. Se deben llevar adelante diversos procesos de seguridad que involucran la acción y toma de decisiones. Este esquema de trabajo, cuyo fin primario consiste en el beneficio económico, financiero y empresarial, hace más fuerte los cimientos de una empresa.
Entonces, si se pretende ser líder en el mercado y estar un paso adelante, se necesita reforzar adecuadamente las estrategias de expansión y crecimiento a través de una mirada integradora.

Y aquí es donde entra en juego la seguridad electrónica. Ya que ésta, a través de sus diversas tecnologías, ofrece una amplia gama de recursos y soluciones al servicio de la protección de bienes e instituciones, enmarcándose en una profunda política de planificación y control.

Podemos afirmar que el escenario es tan claro como elocuente: aquellos que no puedan o no quieran competir en el plano legal y comercial pasarán a transformarse en amenazas, que en algunos casos, pueden generar daños irreparables. ¿El resultado?: una profunda crisis económica y financiera.
Y entonces, ante la necesidad imperiosa de defensa, se refuerza la estratégica y productiva función del empresariado que trasciende su concepto sobre lo que la seguridad representa, concibiéndola más allá del uso de dispositivos electrónicos y guardias que custodien el acceso principal de un edificio.

El verdadero objetivo de la seguridad electrónica corporativa no está sólo en la protección en sí misma, sino en la contribución que esta política de resguardo puede aportar al beneficio de la empresa, en términos económico-financieros.

A partir de este año, la seguridad -entendida desde el management- va a trabajar en un nivel estratégico, haciendo hincapié en la motivación y el conocimiento como principales armas de desarrollo. Y al mismo tiempo, dispondrá escenarios, reducirá la tasa de riesgos y sobre todo, allanará el camino hacia una organización productiva, donde las empresas dinámicas se encontrarán en condiciones inmejorables para alcanzar un alto standard de competitividad

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