lunes 15 de octubre de 2018
Revista Innovación Seguridad » Videovigilancia » 1 abr 2005

TELEVIGILANCIA: El panóptico.

A modo de introducción al marco conceptual de la videovigilancia analizaremos el concepto de panóptico.


Según Reg Whitaker en su libro “El fin de la privacidad”, las nuevas tecnologías de vigilancia hacen cada vez más transparentes a las personas, y reducen sin cesar los espacios privados en los que la gente, tradicionalmente, se retraía para refugiarse y para dedicarse a sí misma. Existen razones suficientes para preocuparse: hay académicos, abogados y activistas que han desarrollado una línea de pensamiento sobre la protección de la intimidad mediante regulaciones y prevenciones legales.

Estos reparos sobre el estado totalitario han sido extensamente tratados en dos novelas: “Nosotros” y “1984”. “Nosotros” fue escrita en 1920 por el soviético Eugene Zamiatin, mientras que “1984” fue escrita por el inglés George Orwell en 1949.
En ambas novelas el poder está centralizado en un partido único estatal que aplasta cruelmente cualquier disidencia, sin permitir la menor oposición. El poder se encuentra personificado: el “Estado Unido” de Zamiatin está presidido por el “Bienhechor”, mientras que la “Oceana” de Orwell está presidida por el “Gran Hermano”. El poder se mantiene mediante la vigilancia constante y precisa de todos los ciudadanos, ejercida por el siempre atento ojo del “Bienhechor” o del “Gran Hermano”.
La supervisión es monodireccional, jerárquica, dominante y reguladora; pues imagina la ciudad del futuro como una ciudad de cristal que hace transparente la vida de todo el mundo a todos los demás, con excepción, desde luego, de la vida del “Bienhechor” o del “Gran Hermano”. La ciudad es de cristal, pero se trata de un cristal monodireccional.
La imagen del panóptico impregna todas las discusiones contemporáneas sobre la vigilancia. Tanto el término como la idea fue introducida en 1787 por el filósofo utilitarista inglés Jeremy Bentham. El panóptico fue, de hecho, propuesto por Bentham como un diseño arquitectónico para las prisiones. Se trata de una idea sencilla: una prisión construida en forma circular, cuyo perímetro periférico en cada uno de los niveles consiste en celdas individuales que albergan a un solo prisionero, totalmente aislado de los otros reos, a los que no puede ver ni escuchar. Todas las celdas son visibles a la observación del inspector, instalado en una oficina central desde la que puede controlar perfectamente a cada uno de los prisioneros.
Whitaker sostiene que el panóptico es una especie de teatro cuya representación consiste en la ilusión de una vigilancia permanente: los prisioneros no están realmente bajo una vigilancia constante, simplemente piensan o imaginan que lo están. El objetivo es la disciplina o el adiestramiento: mientras que los prisioneros teman que pueden ser constantemente observados y se les pueden aplicar castigos por cualquier trasgresión, interiorizarán las reglas y, de este modo, las penas reales se harán superfluas.
Tal diseño no ha sido realizado nunca, ni durante la vida de Bentham ni desde entonces. Sin embargo, es una metáfora insuperable del poder de la vigilancia en el mundo contemporáneo. Para Foucalt, la idea de Bentham consistía en una tecnología política que induce al sujeto a un estado de conciencia y visibilidad permanente que aseguran el funcionamiento automático del poder.

El nuevo Panóptico

Los ojos electrónicos instalados en las calles no pueden compararse, sin embargo, con los impresionantes superojos del espacio que giran en órbita alrededor de la Tierra, afirma Whitaker. El reconocimiento por satélite cambió el rumbo de la guerra fría y transformó el oficio del espionaje al acabarse las hostilidades.
Los Estados actuales tienen una capacidad tecnológica para ejercer más vigilancia, así como para vincular y recuperar datos, muy superior a lo que Orwell pudiese imaginarse.
Irónicamente, la transparencia monodireccional característica del estado orwelliano se ha realizado mucho más efectivamente en el sector privado que en el público, en el que la transparencia, al menos hasta un cierto grado, es bidireccional.
Probablemente, al tratar de evitar al “Gran Hermano” totalitario de Orwell no percibimos la llegada de una gran cantidad de observadores privados.
De hecho que ya estamos vigilados por una diversidad de observadores que no representan al estado. Basta observar la cantidad de cámaras que nos registran en las autopistas, los peajes, los shopping centers, los bancos, los supermercados, los edificios de oficinas, los estadios, etc.
En el panóptico de Bentham, la vigilancia absoluta y la consiguiente amenaza de castigar cualquier trasgresión de las reglas conlleva la docilidad de todos los sujetos, así como su interiorización y asunción de las reglas, sustituyendo de ese modo el ejercicio real de las sanciones. Pero el panóptico actual añade nuevas dimensiones a esta vieja idea: la pone al día y la mejora.
Bentham necesitaba esta estructura arquitectónica porque no disponía de ninguna tecnología de vigilancia que no fuera el ojo humano al desnudo: se requería un elaborado artificio para engañar a los prisioneros y hacerles creer en la omnisciencia del inspector. Las nuevas tecnologías de la información ofrecen la omnisciencia real y no fingida, al mismo tiempo que sustituyen al inspector por una multitud de inspectores que pueden actuar tanto al unísono como competitivamente entre ellos.

Generalmente, la vigilancia para la seguridad pública es bienvenida. El predominio de la vigilancia videográfica en espacios privados es cada vez menor respecto a la misma en espacios públicos. Los sucesos criminales son menos probables en espacios bajo una vigilancia permanente, y sucesos como el tráfico de drogas o la prostitución, que hacen decaer un barrio, tienden a desaparecer bajo una activa vigilancia.
La vigilancia videográfica aporta más seguridad a los ciudadanos y, en conjunción con otras técnicas sofisticadas de rastreo, ofrece mayores posibilidades de encontrar a gente desaparecida, especialmente niños. En Estados Unidos el tema preocupa a las organizaciones de derechos civiles. Sólo en Manhattan, el grupo Unión de Libertades Civiles de Nueva York contabilizó, en 1998, un total de 2.397 cámaras en la vía pública. Sus críticas son refutadas por la policía local, que se defiende alegando su eficacia en el control de la delincuencia.

Hay abogados constitucionalistas que sostienen que no se puede invocar un derecho subjetivo individual –el de la intimidad- cuando está comprometido un valor social como es la seguridad ciudadana, considerando que la Constitución establece que es deber del Estado proteger a la población.

No hay duda que prevenir la comisión de delitos, como ocurre con esta tecnología, y proteger a la ciudadanía de los malhechores significa reunir oportunamente las evidencias con las cuales perseguir a los criminales. Debe evitarse, sin embargo, que las cámaras puedan ser utilizadas con fines ilegítimos como sería grabar escenas conyugales, lo que debería ser sancionado por la nueva legislación

Por Ing. Enrique Greenberg

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