domingo 22 de julio de 2018
Revista Innovación Seguridad » Todos » 19 feb 2009

“La gran deuda es educar a los usuarios”

Opina: Ing. Luis A. CosentinoEn una entrevista exclusiva, el experto y consultor en Sistemas de Seguridad Ing. Luis Cosentino analiza el mercado de la Seguridad Electrónica, ofrece ejemplos prácticos e insiste sobre la importancia de la docencia en el desarrollo de nuevos mercados.


¿Cómo ves al mercado de la Seguridad Electrónica?
El mercado de Seguridad se encuentra en la misma etapa que el mercado de la informática hace unos 30 años. En ese entonces, nadie sabía bien qué significaba ser un “informático”; por un lado estaban los  “gerentes de IBM”, por el otro los que programaban Assembler, por otro los que aprendían cuanto lenguaje de programación aparecía, y así seguía la lista. Con el correr del tiempo, los recursos se fueron profesionalizando y los conceptos aclarando.

Yo creo que el mercado de la Seguridad Electrónica se encuentra en esa misma situación inicial: hay mucha gente que maneja muy bien partes del negocio, otros que trabajan en el mercado desde hace mucho tiempo por lo que asumen que saben mucho y algunos que conocen algo del tema e improvisan. Lo cierto es que todavía hoy no existe una carrera que forme profesionales en Seguridad Electrónica en forma sistemática.

¿Cómo repercute esa falta de madurez?
Creo que un ejemplo típico se puede observar en los countries. Hace diez o quince años se pusieron de moda y uno de sus pilares era el tema de la seguridad. Debido a esto compraron cualquier tipo de soluciones en materia de seguridad, la mayoría en forma desordenada y sin ser parte de un proyecto integral. Hoy se encuentran con que tienen muchas cosas que les sirven y otras que no tanto. Ya sea por desconocimiento o por una cuestión de costos, a la hora de comprar existió un innegable mal asesoramiento por parte de los proveedores, sumado a cierto grado de ignorancia por parte de los usuarios.

Un caso típico se da cuando un cliente te plantea: “Quiero una cámara”. Los dos casos extremos serían, venderle cualquier cosa para que se vaya contento y seguir alimentando la ignorancia de la que estamos hablando o indagar acerca del problema que desea resolver e intentar ir un poco más allá de una simple venta. Por supuesto que lo más fácil es venderle la cámara más económica pero, sin duda, la clave es ganar un cliente en lugar de limitarse a hacer sólo una venta puntual.

De todos modos el mercado crece…
El mercado está en crecimiento. No obstante, creo que no existe una relación directa entre la sensación de inseguridad que sentimos y lo que hacemos para resolverlo. Por un lado, poseemos una gran necesidad de protección, pero esto no se ve reflejado en las inversiones o en lo que se está dispuesto a pagar por incrementar la seguridad.

¿Podrías mencionar un ejemplo?
Claro. Hace ya un tiempo, como una medida de seguridad en los edificios de Buenos Aires se desconectó el pestillo del portero eléctrico por lo que las puertas sólo se abren con las llaves.

Sin embargo, nadie repara en la facilidad con la que se consiguen copias de esas llaves. Casi nadie las denuncia en caso de pérdida o cuando alguna empleada doméstica deja de trabajar, debido a los altos costos del recambio de la cerradura. Insisto: por un lado estamos muy asustados pero, por el otro, nadie invierte en soluciones efectivas.

¿Cuál sería la solución ideal para ese caso?
Está demostrado que más del 80% de los robos en los edificios de la ciudad de Buenos Aires se llevan a cabo sin violar la puerta de entrada al edificio, es decir, que se producen ingresando a los mismos con los propietarios, con una copia de la llave o porque la puerta quedó abierta. La solución más efectiva pasa entonces por evitar pararse frente a la puerta a buscar las llaves, evitar las cerraduras de difícil accionamiento y colocar algún sistema que emita una señal de alerta en caso de que la puerta no cierre correctamente. Todo esto se resuelve con la instalación de un sistema abre puertas con tarjeta de proximidad. ¿Por qué? Por la velocidad de apertura, no hay que insertar la tarjeta en ninguna ranura; por su practicidad, ni siquiera hay que sacarla de la cartera y no olvidemos lo incómodo que es abrir la puerta cuando uno se encuentra con las manos ocupadas.

¿Qué sucede con los costos?
En este sentido, existe el pre-concepto de que la tecnología es más cara. Si consideramos que debido a su uso intensivo una cerradura normal debe ser reemplazada anualmente, en un edificio de 40 unidades funcionales cuesta aproximadamente lo mismo colocar un sistema de tarjetas de proximidad que recambiar la cerradura con sus correspondientes llaves.

Además, es importante considerar que ya no será necesario volver a “cambiar las tarjetas” anualmente y que ofrece muchas ventajas adicionales (las tarjetas no son fácilmente duplicables), que es muchísimo más cómodo y fácil de usar, etc. A decir verdad, resulta difícil explicarnos por qué este tipo de soluciones no se han popularizado.

Por último, ¿qué cosas deben cambiar para mejorar el gremio?
Creo que lo que hace falta es una gran tarea de docencia por parte de la industria de la Seguridad Electrónica. Hoy estamos preocupados por formar a los técnicos, lo cual es muy acertado ya que nos garantizan instalaciones bien hechas; pero aún nos está faltando educar a los usuarios.

Se puede hacer mucho para mejorar esta situación y gran parte de esta tarea debe ser llevada a cabo por CASEL. Se debe trabajar en la difusión al usuario final y en la creación de estándares para evitar la competencia desleal generada por productos de baja calidad, generalmente vendidos por oportunistas.

Se deben desarrollar nuevos mercados: el cliente corporativo es un segmento altamente trabajado. Sin embargo, existen segmentos en los que queda mucho por hacer y por educar tal como el de las PyMEs. Este segmento es de gran tamaño, se encuentra disponible y posee necesidades de seguridad, para las cuales invierte dinero, aunque muchas veces en forma incorrecta.


Luis Andrés Cosentino es Ingeniero electrónico (UBA) recibido en 1982. Fue Profesor Adjunto en la Universidad de Buenos Aires hasta 1996 y Profesor Titular ITBA hasta 1999. Se desempeñó como Presidente de Codas Electrónica desde su fundación hasta que fue adquirida en el 2002 por HID, donde fue HID/ITG Managing Director de Latin América hasta 2007. Desde 1994 actúa en el mercado de la Seguridad Electrónica en Latinoamérica, siendo un especialista en el área de control de accesos, seguridad bancaria, transporte público, RFID industrial y Seguridad Electrónica en documentos públicos.

 

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