En 2025, la ciberseguridad dejó de ser solo un tema técnico para convertirse en un factor estratégico crítico. Hacktivismo, ciberguerra, ransomware e inteligencia artificial redefinen riesgos, vulnerabilidades y la manera en que organizaciones y personas interactúan con el entorno digital.
Este informe ofrece un panorama integral de amenazas, tendencias y estrategias para anticiparlas y gestionarlas.
El hacktivismo se mantiene como instrumento de protesta y presión política, con ataques distribuidos principalmente en América del Norte, Europa del Este y Occidente.
Los ataques de Denegación de Servicio (DDoS), impulsados por servicios de alquiler, facilitan la ejecución de operaciones masivas y visibles, afectando sectores críticos.
Incidentes sobre infraestructura crítica, incluyendo aeropuertos y sistemas de información estratégicos, destacan la sofisticación y el impacto geopolítico de estas amenazas.
El ciberespacio se consolida como un nuevo frente de conflicto, donde actores estatales y regímenes autoritarios ejecutan ataques digitales con objetivos estratégicos.
Estrategias incluyen interrupción de telecomunicaciones, sabotaje de infraestructura crítica, interferencia de GPS y operaciones de desinformación, evidenciando la necesidad de preparación digital integral.
La guerra híbrida combina ataques físicos y digitales, utilizando drones, cables submarinos y malware avanzado.
La digitalización masiva ha generado despersonalización y superficialidad en las relaciones interpersonales y románticas, afectando modelos de pareja y proyecciones de natalidad global.
La interacción mediada por aplicaciones y redes sociales refuerza vínculos irreales y homogéneos, desplazando la comunicación cara a cara.
Existe un déficit global crítico de profesionales especializados, limitando la capacidad de respuesta de organizaciones frente a ataques sofisticados.
La seguridad se percibe aún como un proceso técnico, cuando requiere cultura organizacional, liderazgo activo y concientización continua para transformar a cada empleado en un protagonista de la defensa digital.
La inteligencia artificial potencia ataques de phishing, ransomware e ingeniería social, incrementando la velocidad y sofisticación de las amenazas.
La respuesta eficaz requiere IA defensiva, automatización de detección y remediación, y gobernanza sólida frente a deepfakes y desinformación.
La educación y concientización son fundamentales para reducir la exposición frente a ataques automatizados.
Los ataques se concentran en cuentas comprometidas, evasión de defensas y falta de resiliencia en sistemas y backups.
La defensa efectiva exige controles unificados, autenticación multifactor, principio de mínimo privilegio y estrategias de resiliencia como modelo de protección preventiva.
El 95% de los incidentes de seguridad se vincula al factor humano. El uso masivo de dispositivos inteligentes y la IA aumenta riesgos y oportunidades de defensa. La clave es un cambio cultural: capacitación, liderazgo y concientización para formar colaboradores conscientes y fortalecer la resiliencia organizacional.
La estrategia de Confianza Cero se consolida como estándar: ningún acceso o dispositivo es confiable por defecto.
La resiliencia implica detectar, contener y remediar ataques en tiempo real, combinando preparación técnica, automatización, capacitación del personal y planes de continuidad del negocio.
La ciberseguridad enfrenta fragmentación tecnológica y escasez de talento, lo que ralentiza la respuesta ante amenazas sofisticadas. La estrategia efectiva combina plataformas unificadas y automatización con IA, permitiendo detectar, priorizar y responder en tiempo real. La visibilidad centralizada, la protección de datos críticos y los controles de acceso fortalecen la resiliencia organizacional.
En 2026, la prevención ya no basta: la ciber resiliencia permite detectar, responder y recuperarse rápidamente ante ataques inevitables. Integrar ciberseguridad con continuidad del negocio, mantener copias de seguridad inmutables, asegurar conectividad y capacitar al personal convierte la resiliencia en ventaja competitiva, minimizando pérdidas y preservando la confianza de clientes.
La Inteligencia Artificial será clave tanto para atacantes como defensores, mientras que la adopción de Confianza Cero, la protección de la cadena de suministro y la seguridad en entornos multi-nube se consolidan como prioridades. Ransomware, deepfakes y ataques automatizados seguirán evolucionando, con el factor humano como principal vulnerabilidad.
Las organizaciones enfrentarán una mayor regulación de privacidad, amenazas cuánticas y la necesidad de gestión continua de exposición (CEM).
La amenaza digital es inevitable y multifacética. La resiliencia, la “Confianza Cero” y la integración de tecnología, procesos y cultura organizacional son clave para proteger activos críticos y garantizar la continuidad del negocio. La seguridad ya no es un costo operativo: es un elemento estratégico que determina la confianza y competitividad en la nueva realidad digital.
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